La preocupación de los consumidores
por la alimentación sana, unida a
su frenético ritmo de vida es la
clave del éxito de los productos
listos para tomar. Entre las opciones destacan
las ensaladas compuestas, el Roatsbeef,
el carpaccio o la fruta envasada. ¡Todo
un mundo por descubrir! Los
consumidores españoles se decantan
cada vez más por los productos
frescos listos para tomar, una tendencia
que ya apareció hace más
de una década en algunos países
europeos y que ya ocupan el 5% de la cesta
de la compra de un ciudadano español
medio, según muestran recientes
estudios sobre las tendencias de consumo
en la alimentación en España.
Se
trata de productos vegetales, carnes,
pescados o mariscos que se pueden adquirir
en los supermercados frescos, limpios,
cortados y envasados, que están
listos para ser degustados o que necesitan
un proceso de elaboración muy reducido.
En la mayoría de los casos tras
abrir el envase sólo restaría
incluir el resto de los ingredientes de
la receta y aderezar a su gusto con la
salsa o el aliño elegido.
La aparición y presencia de este
tipo de alimentos en el mercado surgió
en España como una respuesta a
la demanda de productos frescos que no
disponían de tiempo necesario para
acudir todos los días a los establecimientos
comerciales a comprarlos, ni de la posibilidad
de lavarlos y prepararlos ellos mismos.
Este
tipo de alimentos les permite mantener
en su frigorífico, entre 7 y 10
días, antes de que cumpla su fecha
de caducidad y de reducir su preparación
a escasos minutos.
Debido
a que la demanda mayoritaria de los consumidores
se centraba en los productos vegetales,
por su aporte de nutrientes como vitaminas
y fibras minerales y su escaso porcentaje
de grasa, dentro de los productos listos
para tomar se han desarrollado mucho distintos
tipos de hortalizas, frutas y las verduras
de cuarta gama.
Se denomina de ese modo al procesado de
hortalizas y frutas frescas limpias, troceadas
y envasadas para su consumo, que mantienen
sus propiedades naturales y frescas.
Los
productos más empleados en cuarta
gama son: lechugas, zanahorias, espinacas,
frutas, apios y puerros. Este tipo de
elaboración se caracteriza por
una cuidosa selección de los alimentos
tras unos rigurosos y numerosos estudios
de calidad y selección.
Posteriormente se efectúa el embalaje
de estas hortalizas, que normalmente se
efectúa en bolsas o bandejas en
las que se introducen una gran variedad
de vegetales, o, por el contrario bolsas
en las que sólo aparece un tipo
de hortaliza para que después el
consumidor pueda mezclar a su gusto, evitando
así la combinación no deseada
de sabores.
I+D
Agroalimentario
La
industria agroalimentaria realizó
diversas investigaciones hace más
de dos décadas para lograr unos
preparados de vegetales lavados, cortados
y envasados. Con el objetivo de facilitar
sus posibilidades de conservación
e impedir su contaminación posterior,
se comenzó a envasar estos alimentos
en una película plástica,
y se modificó la composición
de la atmósfera gaseosa, eliminando
el oxígeno que existe en su interior
e introduciendo en su lugar nitrógeno.
Envases
Uno
de los aspectos más importantes
de estos productos, y a los que deben
prestar más atención los
consumidores es al envase de los productos.
Hasta hace poco se ha empleado el formato
tradicional de empaquetado de productos
frescos. Sin embargo, los expertos en
industria agroalimentarias aseguran que
es necesario desarrollar envases más
específicos en los que puedan combinar
distintos productos en una sóla
bandeja sin que se mezclen los sabores.
En este momento los envases más
utilizados son las tarrinas, las bandejas
y las bolsas, siendo estas últimas
las que tienen una mayor aceptación
por su reducido coste y porque su presentación
aporta al producto un aspecto fresco.
De
hecho, algunos estudios aseguran que los
consumidores no aceptarían de buen
grado envases más sofisticados,
puesto que tendrían la sensación
de estar comprando un producto menos natural
y más manipulado.
Normalmente,
en las bolsas se encuentran los vegetales
juntos o separados, mientras que las tarritas
suelen utilizarse como los envases para
ensaladas ya montadas, con todos los ingredientes
y listas para comer. Asimismo también
aparecen las bandejas como envases, aunque
muchas veces en estos casos sólo
se presentan una variedad de vegetales
para ser empleados en guisos, y no sólo
para la elaboración de ensaladas.
A
la hora de elegir el producto en el lugar
donde habitualmente realizamos la compra
debemos asegurarnos que tanto su envase
como su interior estén intactos
y en perfectas condiciones, que no presente
partes enmohecidas y que no esté
roto por ninguna parte el recipiente contenedor,
porque de lo contrario, se habría
contaminado la atmósfera protectora
y al estar los vegetales de nuevo en contacto
con el oxígeno del ambiente, sería
más probable la proliferación
de hongos. Este hecho también debemos
tenerlo en cuenta cuando abrimos en casa
el producto y quedan restos en el frigorífico
listos para ser usados posteriomente.
En
esta situación lo más conveniente
es incluir los restos del producto en
un envase hermético o al menos
taparlos con una pinza para intentar evitar
la mayor parte posible de la contaminación.
Quinta
gama.
Y
un paso más de la cuarta gama son
los productos de quinta gama, compuestos,
entre otros, por platos precocinados,
que han sido tratado en muchos casos con
calor y que están listos para consumir
y que se comercializan en las grandes
superficies, en la sección de refrigerados.
Algunos de estos platos como el roastbeef
pueden adquirirse también junto
a la propia guarnición del plato,
para restar esfuerzo y tiempo al consumidor.
Para
su degustación posterior sólo
se requiere un calentamiento previo, generalmente
en horno normal o en microondas, sin necesidad
de grandes manipulaciones por parte del
usuario final.
La
proliferación de este tipo de alimento
surge como una alternativa sana a la comida
rápida. En un momento en el que
gran parte de la sociedad no tiene tiempo
para cocinar de forma tradicional pero
que no quiere renunciar a las características
nutricionales, los productos de quinta
gama que se convierten en una opción
atractiva puesto que ponen a disposición
de los consumidores platos más
o menos elaborados.
La
vida de estos productos es baja por varios
motivos. Primero porque el alimento no
es estéril y, segundo, porque se
pretende que mantengan sus propiedades
nutritivas y organolépticas, por
lo que se requiere un consumo en un plazo
no excesivamente prolongado.
Envases
Actualmente
en la comercialización de los alimentos
de quinta gama proliferan los envases
alimenticios de plástico, con cierres
multiusos y con capacidad para abrir y
cerrar varias veces hasta que se haya
consumido el producto. La prioridad para
las empresas alimentarias es adaptarse
no sólo a las nuevas demandas de
los consumidores, sino diseñar
también envases adecuados a los
nuevos alimentos.
Ahora,
los métodos de conservación
como la pasterización y la esterilización
por calor, la congelación, la refrigeración
o la acidificación comparten escenario
con otras formas protectoras como envasado
al vacío o atmósferas controladas,
que son aquellas en las que la composición
del gas que rodea el alimento se mantiene
constante a lo largo del tiempo mediante
un control continuado.
Empresas comercializadoras.
En
la actualidad existen varias empresas
que se encargan de la comercialización
de productos de cuarta gama, entre las
que destacan las ensaladas de Vitacress,
las de Vega Mayor, las variedades de Florette
o las de la compañía germana
Kernel, que se comercializan directamente
en un bol que permite al consumidor comerlo
directamente en el mismo envase. Se trata
de una solución muy práctica
en los casos en los que el comprador quiera
comer fuera de su casa.
Además nuevas empresas se están
adheriendo a esta moda de los productos
de cuarta y quinta gama y por ejemplo
tanto Ybarra como la cooperativa Covap
han anunciado recientemente su intención
de lanzar en los próximos meses
nuevos productos precocinados y refrigerados
al mercado.
La
gama de Covap, según indicó
su propio presidente, comenzará
en un principio con los derivados del
cerdo, aunque la citada firma andaluza
no descarta su ampliación hacia
otro tipo de productos como las legumbres
o la pasta, ya que se trata de “un
mercado infinito de posibilidades”.
¿Y
el futuro?
El
futuro de este tipo de alimentos dependerá
principalmente de la demanda de los consumidores
y de la inversión de las empresas
agroalimentarias en la investigación
y desarrollo.
Uno de los objetivos actuales es lograr
una técnica que permita aumentar
el período de caducidad del producto
hasta los dos o tres meses frente a los
7 o 10 días que duran en la actualidad.
Entre los estudios que se están
llevando a cabo actualmente destaca la
creación de etiquetas que reaccionen
ante los cambios de temperatura producidos
en el interior del envase.
Esta
innovación permitirá conocer
a los consumidores si el producto garantiza
las condiciones básicas de seguridad
alimentaria y aportarán información
en el momento de consumo que acerca de
si el citado producto contiene intactas
todas sus propiedades organolépticas.
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